Por Jorge Ramón Rizzo*

Con apenas 36 años, Josefina Rodríguez Zamora es la funcionaria más joven dentro del gabinete de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. Esa juventud, lejos de ser un factor de vulnerabilidad, ha estado respaldada por una sólida trayectoria técnica previa, tanto en el sector privado como en el público, así como por resultados medibles en estos dos años dentro del máximo círculo de la administración pública, entre los que destaca un notable crecimiento del turismo nacional.

A pesar de ello, la discusión pública se desvió recientemente hacia la fiscalización de su vestimenta, artículos personales y el patrimonio familiar de terceros, cayendo de lleno en narrativas que buscan descalificar el mérito propio a través de la sospecha infundada.

En el ecosistema de la política mexicana, el escrutinio público no solo es un derecho ciudadano, sino un pilar de nuestra democracia. Sin embargo, la línea que divide la legítima rendición de cuentas del cuestionamiento sesgado suele volverse delgada cuando se mezclan prejuicios de género, juventud y dinámicas familiares.

Los recientes señalamientos periodísticos contra la titular de la Secretaría de Turismo (Sectur), Josefina Rodríguez Zamora, abren un debate necesario sobre la urgencia de ejercer un periodismo con rigor ético y, al mismo tiempo, sobre cómo la estatura política se demuestra respondiendo con hechos, no con evasivas.

Defender la gestión de la secretaria de Turismo no implica pedir inmunidad frente a la crítica, sino exigir que esta se dé con la misma altura institucional con la que ella ha respondido. Ante la polémica, la funcionaria no optó por el silencio ni por la descalificación hacia los medios; por el contrario, emitió una postura clara que marca un estándar de madurez política, en el que señaló contar con patrimonio propio previo al cargo, deslinde de responsabilidades de gente ajena a su persona, y dos puntos que yo destacó: Su respeto a la libertad de prensa y su convicción de trabajar en transparencia.

Porque Josefina Rodríguez ha dejado en claro, de forma documentada, que sus bienes materiales provienen de su historia familiar y profesional previa al servicio público, consolidada con esfuerzo, dedicación y honestidad.

Igualmente ejerció un claro deslinde público de responsabilidades externas, lo que se interpreta como una lección de autonomía y congruencia; ya que separó tajantemente su función de las decisiones económicas o personales de familiares o terceros.

En el México contemporáneo, cada persona debe responder por sus propios actos, y es un anacronismo lógico y jurídico pretender que la reputación de una funcionaria dependa de dinámicas ajenas a su encargo. Eso no lo deberíamos alentar en los medios de comunicación.

Y como lo sostuve en renglones anteriores, no ha faltado a manifestar respeto pleno a la libertad de prensa, ya que en su respuesta a través de redes sociales reconoció explícitamente el valor de los medios de comunicación. E incluso, posicionó con firmeza que la labor informativa exige un contexto completo para no transformarse en un juicio sumario basado en la apariencia.

Igualmente hizo mención expresa de la palabra transparencia, que en tiempos de la 4T cobra un valor especial; porque pocos servidores públicos de nuestros días son frontales y despreocupados para plantarse así como lo hizo Josefina Rodríguez Zamora.

Reducir la capacidad de liderazgo de una mujer joven a la evaluación de su vestuario o a las actividades de sus consanguíneos es un retroceso discursivo. La verdadera métrica de su desempeño está en las mesas de trabajo interinstitucionales, el impulso al turismo comunitario y la inclusión de comunidades indígenas en los beneficios del sector. Son varias metas las que se han alcanzado y rebasado, quizá como en pocos sectores que la Administración Sheinbaum… Y en futuras entregas de esta columna abordaré ciertos datos duros del Turismo en México.

La idoneidad de un servidor público se mide en los canales institucionales de fiscalización, a los cuales la secretaria ya se declaró completamente abierta. Tratar de desgastar su imagen mediante la estridencia superficial no debilita a la funcionaria, sino al debate público.

Josefina Rodríguez Zamora ha demostrado que la altura política consiste en encarar los cuestionamientos con templanza, legalidad y pruebas, recordándonos que el servicio público de excelencia se defiende con la dignidad del trabajo diario y el apego irrestricto a la verdad, más allá de grillas palaciegas que seguramente provienen de Tlaxcala y del momento político sucesorio, en el que por cierto, ella a declarado que no participará. ¡Seamos serios!

*Periodista/Tlaxcala

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