Tras más de dos meses detenida por el Servicio de Control de Migración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), la mexicana Minerva Terrones Domínguez logró regresar a su casa en California, donde la esperaba la ausencia de su hijo Samuel, de 21 años de edad, quien sufría depresión y se suicidó mientras ella permanecía bajo custodia.

«Por culpa de ellos (el ICE) mi hijo no está aquí conmigo”, dice a EFE Terrones, de 54 años de edad y oriunda del estado de Guerrero (México).

La madre de siete hijos apenas puede sostener una conversación sobre la pesadilla que ella y su familia vivieron tras su detención en junio por las autoridades migratorias de Estados Unidos.

Minerva Terrones iba hacia la tienda en la ciudad de San Bernardino (en California), a comprar material para su venta de tamales cuando un agente del ICE la detuvo para mostrarle una foto de una persona que estaba buscando y se parecía a ella.

Aunque la ciudadana mexicana le aclaró que no era la mujer de la foto, tuvo que admitir que no tenía estatus legal para residir en Estados Unidos.

La migrante mexicana fue detenida el pasado 29 de junio y enviada al centro de detención de Adelanto para su deportación.

Ese día en su casa se quedó esperándola Samuel, su hijo menor, al que cuidaba por un diagnóstico de depresión desde hace más de cinco años.

«Él (Samuel) se puso muy triste y me decía que me quería mucho, que quería que regresara a la casa. Le dije que no se preocupara, que no sabía cuánto iba a estar ahí, que no llorara», recuerda Minerva Terrones.

El 12 de agosto, la policía acudió por un llamado de emergencia en un cruce ferroviario. Samuel fue declarado muerto en el lugar, tras dejar una nota en la que describía su sufrimiento.

«Al agente del ICE que se llevó a mi madre: espero que haya valido la pena», escribió el joven. «Ya no soporto más injusticias en este mundo», agregaba el escrito.
Una tragedia que se pudo evitar

El abogado Arturo Burga, que representa a Minerva Terrones, dijo a EFE que la detención de la madre «fue ilegal», al no presentar una orden de arresto a su nombre.

Un tribunal federal estuvo de acuerdo con los alegatos y ordenó su liberación, ocurrida el 31 de agosto, 20 días después del deceso de su hijo.

El abogado también señaló como «inhumana» la política de detención del ICE.

Según sus palabras, considera que no había razón para mantener en la cárcel a la migrante detenida, ya que llevaba más de tres décadas viviendo en Estados Unidos, no tenía historial criminal y un ciudadano estadounidense (Samuel, su hijo) necesitaba de su cuidado.

Precisamente, Burga y su equipo legal habían apostado por solicitar la residencia legal de la mexicana aplicando a la denominada cancelación de deportación, que requiere que el migrante haya vivido más de 10 años en el país y demuestre que su expulsión causaría dolor extremo a un ciudadano estadounidense.

Samuel sustentaba la petición de su madre debido a su diagnóstico de depresión.
El grillete de la humillación

La muerte de Samuel no sería la única vinculada al ICE. Familiares y defensores de los migrantes también culpan a la agencia de la muerte del haitiano Pierre Damas Bel, un destacado estudiante de Ohio.

Bel, de 20 años de edad, se suicidó el pasado 31 de agosto cuando estacionó su vehículo en una carretera y caminó hacia el tráfico, donde fue atropellado.

Según su familia, la muerte fue impulsada en parte por sentimientos de desesperación después de que el ICE le colocara un grillete en el tobillo tras perder su Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés).

El padre de Bel dijo a CBS que su hijo pidió al ICE que le retirara el monitor porque se sentía «avergonzado» y «humillado» en la universidad.

«Estas situaciones van a seguir sucediendo si esta política tan agresiva no cambia. Están deteniendo a cabezas de familia, gente trabajadora que no merece este trato», advierte el abogado Burga.

La desesperación de la familia de Minerva Terrones para que no la deporten al estado de Guerrero (en México), un estado al que el Departamento de Estado advierte que no se debería viajar debido a la delincuencia y los secuestros, ha obligado a una de sus hijas a pensar en enlistarse en el Ejército estadounidense para poder acogerse a un programa que ayuda a los padres indocumentados de los soldados.

«Ya perdí a un hijo, no quiero perder a otro por ser indocumentada», dice con voz entrecortada la madre.

La familia ha abierto una cuenta en GoFundMe para ayudar con los gastos bajo el nombre de Samuel González’s Funeral.

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